sábado, 13 de octubre de 2007

botellas de whiskey sobre una mesa vieja en un basural

vi gotear sobre las botellas de verde cristal las babas tibias de aquél
------------bebé gigante
y no me gustó en absoluto
era como una de aquellas malas películas de vaqueros
en que el viejo pistolero dispara a matar. ah, pobres botellas.
entonces me pregunto
a quién le gustará saborear la flema de un etílico ratón vaquero
habría que preguntar a los enfermos transeuntes del desierto
una por una a cada lagartija,
a cada muca vieja de la zona.
veo en el reflejo del rocío sobre las piedras y los vidrios
a aquél bebé gigante despertar.
ahora aquél bebé gigante se rasca lentamente la entrepierna
y comprueba que esta huele como los viejos medicamentos de su
------------padre
(y yo lo sé porque me lo ha dicho
no porque haya olido los ennegrecidos dedos de su mano)
y al atardecer, en aquel viejo desfiladero
ya todos hemos bailado la vieja danza de Jim Beam.

viernes, 12 de octubre de 2007

gnomo

El gnomo trabaja en su taller cada día de la semana y aún más que eso. Está rodeado de instrumentos y herramientas que le ayudan con el progreso de sus obras: martillos, cinceles, serruchos, alicates y aún elementos tan poco convencionales en un taller de aquella naturaleza como podría serlo un stiletto. A su alrededor también hay frascos con diversas fórmulas y mezclas, pegamentos, aceites, combustibles, químicos y la sangre de monos espaciales, recogida en las selvas inquietantes de la Guyana Francesa. El gnomo da forma a sus artefactos con natural cuidado, con la líbido de aquellos que se satisfacen a sí mismos cruzando tablas de madera y completando tareas que en un inicio, quizás, no debieron haber sido completadas. Y así se pasan las noches, la consecuencia de cada jornada de trabajo, en lo que podría ser considerado el harakiri de la creatividad, el éxtasis de la revolución industrial del año 3472, el gorgojo pardo manchando la última voluntad de Papá Pitufo. El gnomo alza la cabeza entonces, detiene el martilleo, y dice, un preciso instante antes de escupir al advenedizo poeta: "Yo no soy un pitufo, homúnculo repugnante."

miércoles, 10 de octubre de 2007

intersección de dos calles

la mujer que miro desde la esquina
no tiene la opulencia de las malcriadas
pero se desliza
con la gentileza del caucho negro de las llantas sobre el hielo
con el contoneo de las frutas púrpura platino
y las bebidas abiertas en una nave en órbita
el contoneo del efecto doppler, de una onda mecánica
propagándose en el vacío.
la mujer que miro desde la esquina
bebe-come-devora como la voracidad del fuego pétreo
y sin embargo se las ingenia
para seguir siendo una dama.
she's a lady. in your face.
hablamos, nos movemos
y le digo "nena, tus pezones apuntan hacia mí"
y es entonces que la mujer que miro desde la esquina
me dice "yo apunto primero
y disparo después."

martes, 9 de octubre de 2007

el almuerzo

un día Ana C me dedicó un bolero antes de irse a clases.
cuando volvió me dijo
“seré directa,
¿qué hay de almorzar en tu casa?”
había pollo con naranja.
también habían tallarines.
aquello no era una indirecta, así que la invité a almorzar.
pregunté a mi madre,
“¿puedo invitar a alguien a almorzar?”
“no,” dijo.
“es una chica.”
“está bien.”
así que me bañé (me afeité bastante antes)
me vestí
y la fui a recoger
media hora después.
ahora,
yo siempre estoy tarde
aunque el reloj diga lo contrario,
en verdad,
lo sé.
Ana C me regaló un paquete de boliquesos. A mí me encantan los
-------boliquesos.
luego caminamos.
caminamos y cuando llegamos a mi casa, la hice pasar (e ignoré el
-------comentario sobre la chica de su escuela)
nos sentamos, y mientras veíamos esas fotos
que a uno terminan de quitarle
todo el misterio y atractivo
(nota: soy misterioso y atractivo)
y hablábamos de grandes temas de la poesía contemporánea
-------(emos y judíos),
ella abrió los boliquesos.
nos los comimos
nos los comimos rápido. Esa chica sí que quería esos boliquesos.
no mucho tiempo después (el tiempo pasó muy rápido)
fueron apareciendo las personas
que estaban en mi casa.
conoció a mi madre
a mi padre
a mi tía Roxana
y a los ladridos de mi perro.
luego nos quedamos con mi madre
“¿podemos ayudarte con algo?”
preguntó Ana C
pero mi madre insiste en ser autosuficiente, estragos de la sociedad
-------occidental clásica
en una mujer de 52 años.
comimos tallarines
y hablamos de
mi nido
mi infancia
madres de familia
mis amigos
mi ropa
modales en la mesa (algo antes de vestimenta en general)
del postre
del jugo (ella no quería más jugo)
del papa
del sexo entre las clases menos pudientes
y de la filosofía nazista del 4to Reich (el de las madres de familia
-------limeñas para con las empleadas del hogar)
Ana C, que es encantadora, piensa que mi madre es graciosa, y mientras, yo aquí y ahora
me como el pollo con naranja,
me pregunto (y ella me pregunta)
qué pensará mi madre de ella.
no,
espera.
no me importa realmente. yo no iba a presentársela a mi madre
yo la invité a almorzar.

sábado, 6 de octubre de 2007

Poema de la Diversión

Vamos a kemar la facultad de economía de la católica. Vamos a tirarle napalm a la Pacífico, matar a sus profesores, traer abajo los bancos, la reserva de oro nacional. Vamos a tumbar las antenas, joder la señal de radio, mearnos en el IPP, en la facultad de comunicaciones de la de Lima (pero no en sus chicas, están buenas. en el futuro necesitaremos mujeres buenas). Vamos a cagarnos en tu madre, en Toledo, en Toulouse Lautrec, en los carteles de la panamericana (usaremos catapultas), en los canales 2, 4, 5, 9, 11, 13 y el 6, en el 43, el 45, el 96, en tu hermana la bióloga (solo por despecho), en tu golden retriever Matías, en tu auto, en tu dpto., en los creativos, en el indie rock, en las modelos de 19 77, por no estar tan buenas como las de la temporada anterior, en el capitolio, en la casa blanca, en el palacio de Westminster, en Frédéric Beigbeder y en la basilica de San Pedro. Y luego nos follaremos a las chicas de la facultad de comunicaciones de la de Lima.

Nafarroa 1

Las praderas de pie pequeño.
La noche de los cuchillos largos.
La casa de los cuchillos voladores.
La casa voladora.
Se abran las praderas de Nafarroa.
Se alce su estandarte.
El águila negra de Nafarroa.
El gran árbol de algo de Nafarroa.
Las piernas largas de Nafarroa.
Las piernas largas de sus mujeres.
Sus mujeres
Sus tetas
Sus vestidos largos
Sus cigarrillos.
La ley del Kalimotxo.
El vino con Coca-Cola.
La sangría.
La hemorragia del gran toro degollado.
¡Gora Nafarroa!

martes, 2 de octubre de 2007

El Vasco

En Lima se hablaba del Vasco desde hacía meses, pero cuando se le vio saliendo del aeropuerto, se empezó a hablar más. No era un tipo grande, ni especialmente intimidante. Tampoco era guapo, pero sí que era misterioso. Bastante enjuto, bien afeitado, con el pelo grasoso peinado hacia atrás y una pequeña cicatriz en el labio inferior. La mayoría de gente no sabía cuanto medía Mickey Rourke, pero suponían que sería más grande que el Vasco, así que se decía que este era una versión en miniatura del actor estadounidense. Una versión en miniatura de Mickey Rourke en traje.
El Vasco llegó al Sheraton, y pese a que desde fuera le parecía más una cárcel que un hotel, se hospedó allí porque para él ya todo estaba pagado. Una vez dentro pidió una botella de vodka para su habitación y abrió sus maletas. Sacó la espada toledana que guardaba en una de ellas y mojó un pequeño pañuelo con un poco de vodka. Frotó la hoja de su espada durante un rato, luego la envainó y la dejó sobre la cama. Se sirvió un vaso de vodka.

Así que la noticia de la llegada del Vasco estaba en boca de todos. En el palacio de gobierno todos estaban bastante preocupados por la seguridad del Presidente. En los barrios la gente empezaba a preocuparse. Michael Trujillo colgó el teléfono y miró a Iñaki fijamente.
- Iñaki, esto no puede seguir así.
- Oh.
- No, no, nada de “oh”. ¿Sabes cómo está perjudicando esto el negocio?
- Me hago la idea Michael.
- No, todo el asunto me tiene cojudo. Voy a tener que pedirte que hagas algo al respecto. Y no me mires así.
Iñaki no podía dejar de mirarle así.
- Lo lamento jefe- dijo.
- No lo hagas Iñaki, solo haz lo que tienes que hacer.
- Sale y vale.
Iñaki se puso de pie y salió de allí. Michael Trujillo se encendió un puro y se puso a pensar.

Al Vasco lo habían visto en Barranco en un bar haciendo preguntas. También lo habían visto en el restaurante de Juan Jorgensen. Le habían visto conversar animadamente con Jorgensen, luego volver a el bar esa misma noche.
- Así que usted es español- le preguntó un tipo a su lado.
- Sí. Vasco- respondió.
- Ah. ¿Y cuál es su nombre?
- Me dicen Ibarra.
- Ah, como las guitarras.
Se bebieron un trago a la salud de la familia Ibáñez y luego uno a la salud del presidente. La gente en el bar odiaba al presidente, notó el Vasco, pero no lo decían directamente. Se pidió una manzanilla y mientras esperaba a que se enfriara sacó su celular y envió un mensaje de texto. Luego se bebió la infusión y salió de allí.

Un microbús le llevó hasta donde tenía que ir. Luego caminó hacia las Casuarinas, informó al guardián que iba a ver a la familia Olaechea y caminó hasta la casa.
- ¡Señor Ibarra!- exclamó Jaime Olaechea al abrirle.
- Buenas noches Jaime.
- Tome asiento.
- Gracias.
Olaechea descorchó una botella de vino y sirvió tres copas. Entonces una mujer rubia de largas piernas y enfundada en rojo entró a la sala llevando un estuche de violín. Olaechea la presentó como su novia, Mónica. Mónica colocó el estuche sobre la mesa y lo abrió. El vasco tomó la pistola que había en este y la guardó en su saco. Luego dio un trago a su vino. Él, Olaechea y Mónica hablaron un rato. Bebieron más vino. Cuando se acabó la botella, Olaechea sacó otra, pero el Vasco ya no bebió. No salió de allí hasta bien avanzada la madrugada.

***

El presidente recibió una llamada esa tarde. Habían matado al Ministro del Interior.
- Mierda- dijo.
- Todo esto es una mierda, es cierto- dijo el Primer Ministro.
- Ándate al carajo Hugo, por supuesto que es una mierda, el vasco de los cojones me está volviendo loco.
- ¿Así que ya está confirmado que está aquí?- preguntó el Primer Ministro Hugo.
- Tiene que ser.
- Y bueno, ¿qué harás? Sabes que tienes un par de citas hoy.
- Voy a cancelarlas por supuesto.
- ¿Qué?
- Voy a cancelarlas, ¿eres sordo? Yo no salgo de aquí hasta que se haga algo con el vasco de mierda. Y daré un mensaje a la nación.
- ¿Qué dirás? ¿Qué maten a Mickey Rourke?
- Terroristas, eso diré.
- Bah.
- A mí no me digas “bah”, Morales. Tú la vas a pasar tan mal como yo.
- No. El presidente eres tú.
El presidente se sirvió un vaso de whisky.
- Hijo de puta.

El Vasco había cambiado de hotel. Ahora estaba en el Bolívar, bastante más cerca del Palacio de Gobierno. Tenía la ventana del presidente en la mira las 24 horas. Pero él no usaba rifles, así que poco importaba la cosa. Era buen actor, buen ladrón y buen secuestrador. También era bueno con el maquillaje y especialista para deshacerse de cadáveres de soldados de plomo. Salió con su maleta y fue a un restaurante de la plaza de armas. Allí se vistió de soldado rojiazul, hizo las modificaciones necesarias a su rostro y marchó al palacio. No tuvo problemas para entrar. El Vicepresidente y el Primer Ministro salieron a dar revista a los soldados. Era lo que tenía que fuera julio. Entonces en determinado momento un cuchillo abrió en canal el pescuezo del Primer Ministro. La guardia se volvió loca y paranoica y el brigadier tuvo que poner las cosas en orden. Aquello era un caos total. El brigadier fue a informar al presidente. El Vicepresidente se había orinado pero ya estaba increpando escandalizado a los jovenzuelos bélicos por su ineptitud. Alguien le recordó al Vicepresidente que él podría estar en la mira y se volvió a orinar. En cuanto al brigadier, nunca volvió.

Por la noche, el Vicepresidente hizo una visita al Presidente.
- Esto ha llegado demasiado lejos. ¿Qué clase de seguridad hay en este país?
- No puede volver a pasar- dijo el Presidente bebiendo un poco de whisky -. Quiero fuera de este edificio a todo ese regimiento.
- ¿Qué harás con ellos?
- No sé, fusílenlos.
- Mierda... mataron a Hugo...
- Sí. Y por idiotas como ustedes dos yo ahora podría estar durmiendo con los peces.
- ¿Qué dices? No voy a tolerar esto, ¿me escuchas Rumi?
- Ándate a la mierda- respondió el mandatario dando un trago.
- Jódete. Tú la vas a pasar peor que yo- dijo el vicepresidente, saliendo de allí dando un portazo.
- ¡Eh, Chávez, lo mismo dijo Hugo!
Y el Presidente dio otro trago.

La noticia de las movidas del Vasco no solo tenían a las figuras del mundo de la política peruana, sino también a las del mundo del hampa, ajustadas como los huevos de un esquimal. Y el Vasco no podía estar más satisfecho. El Presidente incluso le había dedicado un mensaje a la nación. Y él no solo se había cargado a un puñado de ministros y políticos, sino a más de un narco de paso. Las cosas iban frescas como rosas y limón.
Ya eran las 9 de la noche cuando el Vasco salió del restaurante de Juan Jorgensen. Sonreía confiadamente y caminaba por las calles de Barranco con paso ligero cuando un muchacho de unos 20 años le hizo un gesto con la mano.
- Hey, señor.
Un dealer. El Vasco se preguntó si estaría mal. Hacía mucho que no se fumaba un porro. Ya estaba bien de tabaco.
- Hola muchacho. ¿Qué es lo que tienes?
El chico sonrió. Ambos caminaron por el boulevard y se detuvieron en un callejón, frente a un árbol.
- Eh, Ibarra, ¿te han dicho que te pareces a Mickey Rourke?- preguntó el joven mientras el Vasco sacaba su billetera. Este alzó la mirada. Quiso desenfundar la toledana, pero el muchacho ya había sacado su arma -. Yo no soy un dealer, conchatumadre.
Iñaki pegó tres tiros y ahí ya no había más Vasco.

Michael Trujillo hizo una llamada telefónica muy importante al día siguiente.
- El asunto está manejado Rumi. No, no te preocupes. Hombre, tus intereses son mis intereses. No, no, se lo diré, tranquilo. Por supuesto, despreocúpate. Ya hablaremos de eso.
Colgó el teléfono y tomando un puro de su escritorio, lo encendió. Pocas veces se había sentido tan patriota como entonces. Chupó el puro y sonrió.