Teníamos este bicho parado sobre las manos, con la cabeza entre las piernas. Era terriblemente grotesco. Qué puedo decir, es lo que sucede con las tiendas de curiosidades. Chicho y Martín y yo abrimos la tienda porque realmente no teníamos nada más que contactos y muchas ganas de patear piedras así que pensamos, por qué no. Y un día el abuelo de Chicho, que vivía en Liberia, nos trae este gran bicho, horrible, vestido como un pingüino sucio y apestando a madera podrida. Y el viejo viene y nos dice, bien, pónganlo en la vitrina. Sí así no atraen clientes, mierda, nunca los atraerán. El pollo está descabezado antes de haberle quitado las plumas. O algo así, porque verán, yo no sé en qué orden viene eso de desnucar a los pollos, es solo una frase, ¿me entienden?
Y bueno, tanto como que muchos clientes no atrajo, el simio este, el bicho, pero algún curioso si que entraba. Algún curioso con su enamorada, con su amigo, con su hijo menor. Unos cuantos, entre hora y hora. Y ahí estaba, dando vueltas alrededor del piano de Ornstein, persiguiendo las termitas en la alfombra, hostigándonos con esos cantos terribles y armoniosos, detestables, brillantes e insoportables, como los aullidos de un lobo en medio de una ópera. Habían días en que no lograba soportarlo. No podía mirarlo, ahí, con la cara pegada a las ventanas, masticando, siempre masticando y gritando, girando con esas manos pequeñas y callosas. Habían días que simplemente me encerraba, me daba un trago, me ponía generoso con mi debilidad, lloraba y me sacaba las legañas y me preguntaba cómo habíamos podido llegar ahí, cómo habíamos podido llegar a eso. Y la respuesta no llegaba nunca. Solo la resaca, las deudas, el paro.
Martín también lo ignoraba. Martín y yo tratábamos de ignorarlo, ya lo he dicho, pero Chicho no podía, Chicho contemplaba las dagas de marfil del Líbano, las liras de Micenas, las mantis negras de Madagascar, y a aquél bicho horroroso y nos decía, miren la confianza que nos tiene mi abuelo, miren estas maravillas, todas aquí, todas en nuestra tienda. ¿No es maravilloso?, decía. ¿Preferirían hacer alguna otra cosa?, preguntaba. Y nos invitaba a irnos. Nos decía que él tenía la mayor parte de los contactos, que él era el jefe de verdad. No lo era, pero entonces nosotros desviábamos la mirada, tratábamos de esquivar sus ojos acusadores, solo para encontrarnos con aquél horrible esperpento, parado sobre sus sucias manos.
Llegaba algún dinero todavía en aquellos días, pero me estaba volviendo loco. Quiero decir, era terrible, indignante. No podía con mi vida, volcaba mis penas en mujeres de la peor clase, esas putas de tetas enormes y terribles que esperaban a la vuelta, no podía hacer nada más que ahogarme en ellas, hundirme en sus cuerpos, alcoholizado, resacoso, endeudado. Me vuelvo repetitivo, lo sé. La cosa no avanzó mucho más. Rezaba día y noche entre dientes picados porque algún hombre, algún alma caritativa, llegase a la tienda de curiosidades, quiero decir, a nuestra tienda de curiosidades, la que hacía ya tanto tiempo habíamos abierto Chicho, Martín y yo, con el capital del abuelo de Chicho, y se llevase a aquella cosa horrorosa, a aquél bicho intolerable e infernal. Y así fue, un día, cuando menos lo esperábamos, a las 3 de la tarde, con Alan García Presidente y el Municipal en la televisión ganándole a los potrillos por 3 a 1 apareció aquél hombre alto y noble, de pelo ralo y rasgos como de un águila, y entró y se sentó a la pianola, levantó la tapa lentamente y pareció estudiar las teclas poco a poco, muy lentamente, como si inspeccionara las partículas de polvo entre las ranuras. Y entonces, al volverse, cuando contempló a la criatura, se puso de pie, caminó hacia mí, el único que se encontraba a esa hora, ese día, en la tienda, sacó su chequera del bolsillo y me dijo, ¿cuanto por el mono? Y yo me le quedé mirando, boquiabierto. Le dije que no lo sabía, que era la pura verdad, porque no me había acercado nunca lo suficiente para mirar la etiqueta con el precio. Lo que no le dije fue que no me atrevía, que me repugnaba, que su sola cercanía me daba nauseas, arcadas, que me provocaba estrellar el cráneo deforme que asomaba entre sus piernas contra las paredes, contra el suelo, contra los peñascos más agudos de un desfiladero. Entonces ese hombre, ese noble hombre, cogió al bicho por la cintura, miró la etiqueta y sacó su chequera. Y lo compró, junto con el piano. Nos dio su dirección, y nosotros le facilitamos el instrumento musical. Y el bicho, por supuesto, el cual se llevó ahí mismo, sin más. Y yo me sentí realmente aliviado, como no me había sentido en mucho tiempo. Entré a la trastienda y me serví un vaso de whisky y lo sentí bajando por mi garganta hasta el fondo de mis entrañas, calentándolas. Más tarde, cuando Martín y Chicho se enteraron, Martín casi hizo una fiesta. Chicho nos miraba con recelo, desconfiado, pero el dinero estaba en el mostrador, los datos de aquél noble salvador de cabello ralo y plateado, todo estaba ahí. Todo era legal.
Pasó el tiempo. La gente dejó de venir a nuestra tienda. Tuvimos que cerrarla. El abuelo de Chicho perdió todo. Chicho mató a Martín. Y yo, ahora...
domingo, 31 de agosto de 2008
jueves, 28 de agosto de 2008
Relato de fin de semana
L escribe de tanto en tanto en un blog de internet. A Q le gusta lo que escribe L y un día entra en contacto con él. Se da cuenta de que se han visto antes en la universidad y Q llega a la conclusión de que realmente hay algo que le intriga sobre L. L no parece sentirse realmente intrigado por nada. Él solo quiere tirar piedras.
Q y L hablan cada vez más. Q quiere saber cada vez más sobre L y quiere que L sepa cada vez más sobre ella. Hablan por teléfono. L hace algún comentario, muchos "mjm," prestando atención pero nunca demasiada. Solo la suficiente. Q se pregunta si después de todo L es diferente o solo un poco tonto. Decide que quiere acostarse con él.
Un día L llega a su casa borracho y se conecta en el Messenger. Q lo ve aparecer y le pregunta cuando puede encontrarlo solo en su casa. L responde que nunca, pero que en el piso de abajo nadie los molestará. Q trata de negar que esas sean sus intenciones. Le dice a L que esas no son sus intenciones. L no parece hacerle caso. Le dice que vaya a su casa. Le dice que quiere que vaya. Q se rehusa y L insiste hasta que el asunto comienza a hacerse un poco cansino. Ante las negativas de Q, L decide seguir bebiendo. Finalmente la curiosidad y el deseo de Q pueden más que su recato y le pide a L su dirección, y este se la da. Entonces Q sale de su casa y toma un taxi.
Cuando llega a la puerta de la casa de L, Q coge el celular y le da una llamada para avisarle que está afuera. L va al cuarto de su hermano, coge un condón y se lo guarda en el bolsillo. Luego baja a abrirle la puerta a Q. La hace pasar por el jardín, comparten un par de palabras, luego la lleva a la sala. L empuja a Q en un sofá y la besa. No soporta el sabor que siente en su boca. Le ofrece un poco de ron, pero ella se niega. L vuelve a besarla, ignorando ese sabor que no acaba de desaparecer, y entonces se baja el pantalón. Pese al alcohol tiene una buena erección. Lleva la mano de Q hacia su miembro y le da un trago a la botellita de ron. Ella lo besa y él le ofrece un trago. ¿Por qué tanta insistencia? pregunta ella. Me gusta el ron, dice L. Q acepta finalmente, bebe y comienza a masturbar a L lentamente, suavemente. Parece insegura, confundida. Por su parte L no está inseguro ni confundido. Quiere tirarse a Q y listo. No quiere nada más de ella. En el fondo, Q lo sabe. Cree que no le importa. Quizás no le importe. No es importante.
L le sube la camiseta a Q y le desabrocha el sostén. Comienza a jugar con sus pezones despacio. Los lame y los besa, los mordisquea. Luego la besa de nuevo y la insta a que le haga sexo oral. Q acepta. Agacha la cabeza y se lleva el sexo de L a la boca. No tiene mayores problemas, no le incomoda. L lo está disfrutando. Le dice a Q que sabe hacerlo, que lo hace bastante bien. Le dice que le gustaría correrse en su boca, pero que no sabe si ella tendría problema con eso. Que a muchas chicas no les gusta. Q le responde que no es tanto una cuestión de gustos como de qué tan lejos esté dispuesta la chica a llegar. L le da vueltas a la frase pero el ron no le deja entender. O quizás es solo una mala frase de parte de Q. No es importante.
L trata de tocar el sexo de Q, pero esta no lo deja. Insiste, pero ella no lo deja. No se deja por nada. Él la besa. Bebe un trago de ron. Juega con sus pezones. La toca. Lleva su mano a su boca, ella le chupa los dedos. Una vez más trata de tocar su sexo. Esta Q se deja. L mete dos dedos y Q gimotea con fuerza. Los mete y los saca y ella sigue gimiendo, pero más despacio porque L le indica que sus padres están arriba. Al fin, L saca el condón de su bolsillo y lo abre. Le indica a Q que se la chupe de nuevo. Q lo hace y al rato L retira el pene de su boca y lo viste con el preservativo. Entonces ella se sienta sobre él y lo hunde en su sexo sin problemas. Se mueven. Se mueven. Q salta y balancea sus caderas con las manos de L posadas sobre ellas y este embiste y embiste. Q suspira. Te odio, susurra. Te odio. Te odio. Te odio por lo que me estás haciendo. L se ríe. Bien que te gusta, pendeja, le dice. ¿Por qué ya no escribes en tu blog? pregunta Q entonces. Estoy deprimido, responde L. La tenías precisa, maricón, dice ella. Se ríen.
Te la quiero meter por el culo, dice L entonces. No, dice Q sin dejar de moverse. Te la quiero meter por el culo, repite L. No. L insiste y Q sigue negándose. Sus movimientos se hacen más fuertes. L insiste una vez más, es decir, le dice a Q que se la quiere meter por el culo. ¿Por qué tanta insistencia? pregunta Q. ¿Cuál es la gracia? Que tú no quieres, dice L. Entonces Q se retira y se pone a cuatro patas. L se monta detrás de ella y abre sus nalgas. Trata de introducir el pene entre ellas, pero es muy grueso y Q es muy estrecha. No se rinde, sigue tratando, pero entonces Q empieza a llorar. No, no, no, dice. No otra vez, no. L no entiende lo que sucede, se asusta. De golpe se le ha pasado la borrachera. Cree haber escuchado un ruido arriba, proveniente del cuarto de sus padres. Mientras Q llora arrodillada sobre el sillón, L se pone de pie y se sube los pantalones. Guarda silencio unos segundos y comprueba que sus sospechas eran infundadas, y entonces abraza a Q. Le dice que no harán nada que ella no quiera. Que él no la obligará a nada. Le da un beso y la ayuda a vestirse. Salen al jardín. L le da un trago a su ron. Hablan, ella enciende un cigarrillo. Conversan un rato y él le ofrece un poco de ron, pero ella se niega.
Caminan fuera de la casa y siguen caminando un rato. En el camino L va perdiendo misticismo. Le dice a Q que aquello no va a repetirse. Ella entiende. Siempre es lo mismo con los chicos, piensa. L piensa en cambio que siempre es lo mismo con la gente en general. L le dice a Q que no va a ser tan mezquino como para decirle que aquello no se va a repetir porque le preocupan sus sentimientos. Él odia la mezquinidad. Le dice que no va a repetirse porque simplemente él no quiere repetirlo. Q asiente con entendimiento. Le pregunta si hacía falta explicar todo eso, si hacía falta explicar nada. L se ríe. Le dice a Q que no, pero él es humano después de todo. Le pasan por la cabeza las mismas cosas que a todos. Pero no, ella tiene razón. No hay sentido en decir que no volverá a pasar, dice. Al final, uno nunca sabe lo que pasará. Se ríe.
Q detiene un taxi. Negocia con este el precio que ha de cobrarle para llevarla hasta Miraflores. Luego se despide de L con un beso en la mejilla y este ve como el taxi se aleja en la noche. Camina un rato a solas, arrastrando los pies y bebiendo algunos tragos de ron. Algo le incomoda debajo de los pantalones. Por un momento cree que le ha dado un calambre en el pene. Decide bajarse los pantalones y se la mira. Ha olvidado de sacarse el condón. Se ríe. Lo tira en la calle y sigue caminando.
Q y L hablan cada vez más. Q quiere saber cada vez más sobre L y quiere que L sepa cada vez más sobre ella. Hablan por teléfono. L hace algún comentario, muchos "mjm," prestando atención pero nunca demasiada. Solo la suficiente. Q se pregunta si después de todo L es diferente o solo un poco tonto. Decide que quiere acostarse con él.
Un día L llega a su casa borracho y se conecta en el Messenger. Q lo ve aparecer y le pregunta cuando puede encontrarlo solo en su casa. L responde que nunca, pero que en el piso de abajo nadie los molestará. Q trata de negar que esas sean sus intenciones. Le dice a L que esas no son sus intenciones. L no parece hacerle caso. Le dice que vaya a su casa. Le dice que quiere que vaya. Q se rehusa y L insiste hasta que el asunto comienza a hacerse un poco cansino. Ante las negativas de Q, L decide seguir bebiendo. Finalmente la curiosidad y el deseo de Q pueden más que su recato y le pide a L su dirección, y este se la da. Entonces Q sale de su casa y toma un taxi.
Cuando llega a la puerta de la casa de L, Q coge el celular y le da una llamada para avisarle que está afuera. L va al cuarto de su hermano, coge un condón y se lo guarda en el bolsillo. Luego baja a abrirle la puerta a Q. La hace pasar por el jardín, comparten un par de palabras, luego la lleva a la sala. L empuja a Q en un sofá y la besa. No soporta el sabor que siente en su boca. Le ofrece un poco de ron, pero ella se niega. L vuelve a besarla, ignorando ese sabor que no acaba de desaparecer, y entonces se baja el pantalón. Pese al alcohol tiene una buena erección. Lleva la mano de Q hacia su miembro y le da un trago a la botellita de ron. Ella lo besa y él le ofrece un trago. ¿Por qué tanta insistencia? pregunta ella. Me gusta el ron, dice L. Q acepta finalmente, bebe y comienza a masturbar a L lentamente, suavemente. Parece insegura, confundida. Por su parte L no está inseguro ni confundido. Quiere tirarse a Q y listo. No quiere nada más de ella. En el fondo, Q lo sabe. Cree que no le importa. Quizás no le importe. No es importante.
L le sube la camiseta a Q y le desabrocha el sostén. Comienza a jugar con sus pezones despacio. Los lame y los besa, los mordisquea. Luego la besa de nuevo y la insta a que le haga sexo oral. Q acepta. Agacha la cabeza y se lleva el sexo de L a la boca. No tiene mayores problemas, no le incomoda. L lo está disfrutando. Le dice a Q que sabe hacerlo, que lo hace bastante bien. Le dice que le gustaría correrse en su boca, pero que no sabe si ella tendría problema con eso. Que a muchas chicas no les gusta. Q le responde que no es tanto una cuestión de gustos como de qué tan lejos esté dispuesta la chica a llegar. L le da vueltas a la frase pero el ron no le deja entender. O quizás es solo una mala frase de parte de Q. No es importante.
L trata de tocar el sexo de Q, pero esta no lo deja. Insiste, pero ella no lo deja. No se deja por nada. Él la besa. Bebe un trago de ron. Juega con sus pezones. La toca. Lleva su mano a su boca, ella le chupa los dedos. Una vez más trata de tocar su sexo. Esta Q se deja. L mete dos dedos y Q gimotea con fuerza. Los mete y los saca y ella sigue gimiendo, pero más despacio porque L le indica que sus padres están arriba. Al fin, L saca el condón de su bolsillo y lo abre. Le indica a Q que se la chupe de nuevo. Q lo hace y al rato L retira el pene de su boca y lo viste con el preservativo. Entonces ella se sienta sobre él y lo hunde en su sexo sin problemas. Se mueven. Se mueven. Q salta y balancea sus caderas con las manos de L posadas sobre ellas y este embiste y embiste. Q suspira. Te odio, susurra. Te odio. Te odio. Te odio por lo que me estás haciendo. L se ríe. Bien que te gusta, pendeja, le dice. ¿Por qué ya no escribes en tu blog? pregunta Q entonces. Estoy deprimido, responde L. La tenías precisa, maricón, dice ella. Se ríen.
Te la quiero meter por el culo, dice L entonces. No, dice Q sin dejar de moverse. Te la quiero meter por el culo, repite L. No. L insiste y Q sigue negándose. Sus movimientos se hacen más fuertes. L insiste una vez más, es decir, le dice a Q que se la quiere meter por el culo. ¿Por qué tanta insistencia? pregunta Q. ¿Cuál es la gracia? Que tú no quieres, dice L. Entonces Q se retira y se pone a cuatro patas. L se monta detrás de ella y abre sus nalgas. Trata de introducir el pene entre ellas, pero es muy grueso y Q es muy estrecha. No se rinde, sigue tratando, pero entonces Q empieza a llorar. No, no, no, dice. No otra vez, no. L no entiende lo que sucede, se asusta. De golpe se le ha pasado la borrachera. Cree haber escuchado un ruido arriba, proveniente del cuarto de sus padres. Mientras Q llora arrodillada sobre el sillón, L se pone de pie y se sube los pantalones. Guarda silencio unos segundos y comprueba que sus sospechas eran infundadas, y entonces abraza a Q. Le dice que no harán nada que ella no quiera. Que él no la obligará a nada. Le da un beso y la ayuda a vestirse. Salen al jardín. L le da un trago a su ron. Hablan, ella enciende un cigarrillo. Conversan un rato y él le ofrece un poco de ron, pero ella se niega.
Caminan fuera de la casa y siguen caminando un rato. En el camino L va perdiendo misticismo. Le dice a Q que aquello no va a repetirse. Ella entiende. Siempre es lo mismo con los chicos, piensa. L piensa en cambio que siempre es lo mismo con la gente en general. L le dice a Q que no va a ser tan mezquino como para decirle que aquello no se va a repetir porque le preocupan sus sentimientos. Él odia la mezquinidad. Le dice que no va a repetirse porque simplemente él no quiere repetirlo. Q asiente con entendimiento. Le pregunta si hacía falta explicar todo eso, si hacía falta explicar nada. L se ríe. Le dice a Q que no, pero él es humano después de todo. Le pasan por la cabeza las mismas cosas que a todos. Pero no, ella tiene razón. No hay sentido en decir que no volverá a pasar, dice. Al final, uno nunca sabe lo que pasará. Se ríe.
Q detiene un taxi. Negocia con este el precio que ha de cobrarle para llevarla hasta Miraflores. Luego se despide de L con un beso en la mejilla y este ve como el taxi se aleja en la noche. Camina un rato a solas, arrastrando los pies y bebiendo algunos tragos de ron. Algo le incomoda debajo de los pantalones. Por un momento cree que le ha dado un calambre en el pene. Decide bajarse los pantalones y se la mira. Ha olvidado de sacarse el condón. Se ríe. Lo tira en la calle y sigue caminando.
martes, 26 de agosto de 2008
dos chicas lindas
voy en el micro
con una libreta en la mano y pensando
el viento nos pega a todos y lo sentimos
pero no duele del todo.
voy adelante y miro hacia un cruce antes de cruzar el puente
dos chicas
veo sus caras y sus pelos iguales y me gusta mucho
lo que veo
nunca había visto por aquí a esas hermanas
me digo, nunca más voy a volver a ver algo así
ellas me miran a mí
y nos vamos, me largo, se quedan, todo al ritmo del micro y del
---------/ viento
es un knock out.
cuando despierte, ya no estarán allí
solo un garabato
en mi libreta.
con una libreta en la mano y pensando
el viento nos pega a todos y lo sentimos
pero no duele del todo.
voy adelante y miro hacia un cruce antes de cruzar el puente
dos chicas
veo sus caras y sus pelos iguales y me gusta mucho
lo que veo
nunca había visto por aquí a esas hermanas
me digo, nunca más voy a volver a ver algo así
ellas me miran a mí
y nos vamos, me largo, se quedan, todo al ritmo del micro y del
---------/ viento
es un knock out.
cuando despierte, ya no estarán allí
solo un garabato
en mi libreta.
sábado, 23 de agosto de 2008
personalidad
no tengo personalidad
soy un dátil con tocino
y crema.
me gusta mirar por la ventana y ver
las miradas angustiosas de los niños que van perdiendo
en su juego
la paloma-vaca que arrastra la cola por el pasto
los autos
ajenos.
pienso en una metáfora
reflexiono al respecto
y llego a la conclusión
de que las metáforas me aburren.
soy un dátil con tocino
y crema.
me gusta mirar por la ventana y ver
las miradas angustiosas de los niños que van perdiendo
en su juego
la paloma-vaca que arrastra la cola por el pasto
los autos
ajenos.
pienso en una metáfora
reflexiono al respecto
y llego a la conclusión
de que las metáforas me aburren.
jueves, 21 de agosto de 2008
incendio
conocí a esta mujer un día
era salvaje
estaba loca.
me dijo que quería leer un libro
así que se lo presté
tardó meses en leerlo.
me empezaba a gustar esa mujer
decidí conformarme con
dejarlo ahí
aunque definitivamente quería que me devolviera mi libro.
un día la acompañé a su casa
se quedó dormida
me hizo pensar que yo era
realmente aburrido
pero mírame
soy un tipo divertido
muy muy gracioso
jojojó
mas ella era puro fuego elemental
y yo era solo un cavernícola
dispuesto a encerrarme en mi cueva.
meses meses meses
tuve que darle alcohol para desatarla
y vaya si se desató
vaya si movimos esa cama
hasta el corazón del abismo
semanas semanas semanas
dos semanas
tal vez tres
no duró demasiado pero vaya que todo era bueno
cuidado con hacerle cosquillas
probablemente
me mordería
había que tener cuidado con lo que decía
no fuera a ser que provocara un exabrupto
de esa mágica criatura
un "nonono yo sé que no debería pero no puedo nonono"
y yo me quedaba mirando y reía/
pienso que quizás debí reír
un poco menos/
pero es que no podía evitarlo
con sus ojillos
esa cara llena de terror
llena del más absoluto terror negro
con un ligero tufillo a muerte.
entonces llego a casa
y me siento a escribir
y a hacer bromitas
y a corrérmela evitando pensar en nada más que en el video
o en la historia
o en lo que sea que tenga
a la mano
"¿en qué estoy pensando?"
me pregunto cuando llego
"esto no tiene sentido."
pero no es un gran descubrimiento
reconocer que nada lo tiene.
era salvaje
estaba loca.
me dijo que quería leer un libro
así que se lo presté
tardó meses en leerlo.
me empezaba a gustar esa mujer
decidí conformarme con
dejarlo ahí
aunque definitivamente quería que me devolviera mi libro.
un día la acompañé a su casa
se quedó dormida
me hizo pensar que yo era
realmente aburrido
pero mírame
soy un tipo divertido
muy muy gracioso
jojojó
mas ella era puro fuego elemental
y yo era solo un cavernícola
dispuesto a encerrarme en mi cueva.
meses meses meses
tuve que darle alcohol para desatarla
y vaya si se desató
vaya si movimos esa cama
hasta el corazón del abismo
semanas semanas semanas
dos semanas
tal vez tres
no duró demasiado pero vaya que todo era bueno
cuidado con hacerle cosquillas
probablemente
me mordería
había que tener cuidado con lo que decía
no fuera a ser que provocara un exabrupto
de esa mágica criatura
un "nonono yo sé que no debería pero no puedo nonono"
y yo me quedaba mirando y reía/
pienso que quizás debí reír
un poco menos/
pero es que no podía evitarlo
con sus ojillos
esa cara llena de terror
llena del más absoluto terror negro
con un ligero tufillo a muerte.
entonces llego a casa
y me siento a escribir
y a hacer bromitas
y a corrérmela evitando pensar en nada más que en el video
o en la historia
o en lo que sea que tenga
a la mano
"¿en qué estoy pensando?"
me pregunto cuando llego
"esto no tiene sentido."
pero no es un gran descubrimiento
reconocer que nada lo tiene.
lunes, 18 de agosto de 2008
párrafo garabateado en un bloc el año pasado
"Yo era bueno para dos cosas en la vida: escribir y desaprobar cursos en la universidad. También me gustaba comer chocolates y masturbarme. El vodka no me resultaba agradable por su sabor tanto como por saber que el calor que me producía en el pecho era sinónimo de ir cagándome el hígado, y de paso, los riñones."
(Lima, en algún momento entre marzo y julio del 2007)
(Lima, en algún momento entre marzo y julio del 2007)
viernes, 15 de agosto de 2008
relaciones 2
Cuando el Chato y Amanda dejaron de tener sexo, el Chato se sintió realmente destruido. Amanda estaba muy bien, con una espalda y un culo como pocos, curvados, casi neumáticos, lindos lindos lindos. Pero la cosa iba más allá de eso. Realmente se había apegado a ella. En cierta forma la adoraba. Adoraba pasarse las horas abrazado a ella, sintiendo su cuerpo pegado al suyo y sus manos debajo de sus pantalones, tan solo acariciando el vello en su entrepierna. Adoraba los chistes que solo se sentía en posición de hacer como pareja sexual de Amanda. También adoraba su inseguridad y sus accesos de locura, pero la verdad era que esa locura fue la que llevó a esa grandiosa mujer a dejarlo, o eso se decía el Chato en su simplicidad.
Así que un día el Chato llamó por teléfono a Valeria y empezaron a salir. Valeria no tenía el culo y la espalda de Amanda, ni estaba tan loca (al menos no en el sentido más arquetípico de la palabra, porque tampoco podía decirse que fuera una chica "normal", lo cual definitivamente no hubiera estimulado lo suficiente al Chato), pero tenía un buen par de tetas y escribía buena poesía. Cuando el Chato la vio pensó que la cura a la falta del culo perfecto de Amanda eran un buen par de tetas y esa cualidad Pin Up girl que Valeria destilaba por los poros. Era, pues, donde Amanda era puro incendio, una chica con estilo.
Las salidas se hicieron más frecuentes, llegó el sexo y estuvo bien bien bien. Gracias al apoyo de Valeria sus poemas se empezaron a publicar. Se empezaron a publicar y de tanto en tanto por ahí, aparecía alguien que de verdad los hubiera leído. Se consiguió un trabajo en una librería y finalmente juntó suficiente dinero para comprarse un Volkswagen y él y Valeria salían en él todos los fines de semana y los días de entre semana y veían películas en el cinematógrafo y comían postresitos o simplemente tiraban en el bolocho como un par de cuyes encerrados en una caja de leche Gloria. Y al fin el Chato pudo decir que tenía una relación seria. Pudo decir que tenía una enamorada, y que empezaba a pasarlo bien.
Un día el Chato llevó a Valeria a la universidad, estacionaron el auto, se bajaron, fueron al patio de la facultad, saludaron a todo el mundo, se fumaron unos cigarros e hicieron despliegue de afecto y todo el mundo quiso a Valeria porque realmente era una reina y comentaban sobre lo afortunado que era el Chato de haberse conseguido una novia así y que además de todo tuviera un par como ese. Y Valeria no solo estaba bien, sino que hacía que el Chato también lo estuviera, y el asunto era puro caramelo y era todo lindo lindo lindo.
Entonces en algún momento de la tarde apareció Amanda en el patio y el Chato pensó que tal vez no fue una idea demasiado buena llevar a su chica a su universidad.
"Eh," dijo Valeria. "¿Esa no es la perra loca con la que tirabas en el verano?"
"Mierda, sí," respondió el Chato en un susurro, esperando que Amanda no los hubiera oído. Pero los había oído.
"¿Perra loca? No entiendo a qué vino eso," dijo acercándose a ellos, y fue como si se acercara un huracán. Y tamaño huracán, todo curvas y acción.
"A que eres una perra y estás loca," dijo Valeria poniéndose de pie.
"Ah, ok."
"Vaya perra loca más tranquila," dijo el Chato sin poder contenerse. Entonces Amanda se paró delante de él, le miró cinco segundos y le atizó un puñete en la cara.
El Chato gritó, se sobó la cara, y empezó a sentirse pequeño. Realmente odiaba sentirse pequeño.
"Tú fuiste un error," le dijo Amanda, que seguía mirándolo sin moverse.
El Chato se sintió herido además de pequeño. Retrocedió hasta quedar a la altura de su novia.
"Nena, métele un gancho a esa perra," le dijo. Valeria sonrió con éxtasis y se lanzó sobre Amanda. Le atizó un golpe en el estómago y luego le dio un cabezaso en medio de la cara. Amanda gimió de dolor. Valeria le pateó la rodilla, pero entonces la perra loca le dio con el codo en la nuca. Valeria se cayó al suelo y cuando intentó ponerse de pie, Amanda le atizó en la cara. Valeria quiso pararse de nuevo pero Amanda le volvió a atizar en la cara. Luego le dio dos patadas, una en cada teta y en un segundo, como si estuviera hecha de fuego, estaba encima del Chato, llenándolo de puñetazos y mordiscos y patadas.
"¡Cristo!" exclamó el Chato, y finalmente no le quedó más remedio que defenderse de aquella mujer inestable, tratando de sacársela de encima por todos los medios, dándole cabezasos, golpeándole en los costados y en el culo. Y qué culo. En medio de aquél torbellino de dolor, el Chato sintió la necesidad de tocarlo. Le dio un pellizco. Amanda le gritó hijo de puta y le mordió la nariz. Entonces el Chato gritó y la cogió del pelo y tironeó y ella gritó y él le mordió la nariz. Entonces ella le mordió la boca y él le apretó las nalgas con fuerza y trató de morderle el labio y se mordían y mordían y entonces el Chato la empotró contra una pared y realmente se mordían con furia, y ella rodeó su cintura con sus piernas lo cogió por el pelo y él comenzó a besarla y todos miraban miraban miraban y era terriblemente hermoso, e impúdico, y violento y mezquino, y despreciable, ¡en medio del patio de la facultad!, y Valeria, que seguía tendida en el suelo sangrando, comenzó a gritar de rabia y dolor al verlo, pero el Chato no la oía porque estaba demasiado ocupado besando esos labios ensangrentados y gozándose con aquél culo y esa espalda, perfectos, como pocos, tan curvados, casi neumáticos, lindos lindos lindos.
Así que un día el Chato llamó por teléfono a Valeria y empezaron a salir. Valeria no tenía el culo y la espalda de Amanda, ni estaba tan loca (al menos no en el sentido más arquetípico de la palabra, porque tampoco podía decirse que fuera una chica "normal", lo cual definitivamente no hubiera estimulado lo suficiente al Chato), pero tenía un buen par de tetas y escribía buena poesía. Cuando el Chato la vio pensó que la cura a la falta del culo perfecto de Amanda eran un buen par de tetas y esa cualidad Pin Up girl que Valeria destilaba por los poros. Era, pues, donde Amanda era puro incendio, una chica con estilo.
Las salidas se hicieron más frecuentes, llegó el sexo y estuvo bien bien bien. Gracias al apoyo de Valeria sus poemas se empezaron a publicar. Se empezaron a publicar y de tanto en tanto por ahí, aparecía alguien que de verdad los hubiera leído. Se consiguió un trabajo en una librería y finalmente juntó suficiente dinero para comprarse un Volkswagen y él y Valeria salían en él todos los fines de semana y los días de entre semana y veían películas en el cinematógrafo y comían postresitos o simplemente tiraban en el bolocho como un par de cuyes encerrados en una caja de leche Gloria. Y al fin el Chato pudo decir que tenía una relación seria. Pudo decir que tenía una enamorada, y que empezaba a pasarlo bien.
Un día el Chato llevó a Valeria a la universidad, estacionaron el auto, se bajaron, fueron al patio de la facultad, saludaron a todo el mundo, se fumaron unos cigarros e hicieron despliegue de afecto y todo el mundo quiso a Valeria porque realmente era una reina y comentaban sobre lo afortunado que era el Chato de haberse conseguido una novia así y que además de todo tuviera un par como ese. Y Valeria no solo estaba bien, sino que hacía que el Chato también lo estuviera, y el asunto era puro caramelo y era todo lindo lindo lindo.
Entonces en algún momento de la tarde apareció Amanda en el patio y el Chato pensó que tal vez no fue una idea demasiado buena llevar a su chica a su universidad.
"Eh," dijo Valeria. "¿Esa no es la perra loca con la que tirabas en el verano?"
"Mierda, sí," respondió el Chato en un susurro, esperando que Amanda no los hubiera oído. Pero los había oído.
"¿Perra loca? No entiendo a qué vino eso," dijo acercándose a ellos, y fue como si se acercara un huracán. Y tamaño huracán, todo curvas y acción.
"A que eres una perra y estás loca," dijo Valeria poniéndose de pie.
"Ah, ok."
"Vaya perra loca más tranquila," dijo el Chato sin poder contenerse. Entonces Amanda se paró delante de él, le miró cinco segundos y le atizó un puñete en la cara.
El Chato gritó, se sobó la cara, y empezó a sentirse pequeño. Realmente odiaba sentirse pequeño.
"Tú fuiste un error," le dijo Amanda, que seguía mirándolo sin moverse.
El Chato se sintió herido además de pequeño. Retrocedió hasta quedar a la altura de su novia.
"Nena, métele un gancho a esa perra," le dijo. Valeria sonrió con éxtasis y se lanzó sobre Amanda. Le atizó un golpe en el estómago y luego le dio un cabezaso en medio de la cara. Amanda gimió de dolor. Valeria le pateó la rodilla, pero entonces la perra loca le dio con el codo en la nuca. Valeria se cayó al suelo y cuando intentó ponerse de pie, Amanda le atizó en la cara. Valeria quiso pararse de nuevo pero Amanda le volvió a atizar en la cara. Luego le dio dos patadas, una en cada teta y en un segundo, como si estuviera hecha de fuego, estaba encima del Chato, llenándolo de puñetazos y mordiscos y patadas.
"¡Cristo!" exclamó el Chato, y finalmente no le quedó más remedio que defenderse de aquella mujer inestable, tratando de sacársela de encima por todos los medios, dándole cabezasos, golpeándole en los costados y en el culo. Y qué culo. En medio de aquél torbellino de dolor, el Chato sintió la necesidad de tocarlo. Le dio un pellizco. Amanda le gritó hijo de puta y le mordió la nariz. Entonces el Chato gritó y la cogió del pelo y tironeó y ella gritó y él le mordió la nariz. Entonces ella le mordió la boca y él le apretó las nalgas con fuerza y trató de morderle el labio y se mordían y mordían y entonces el Chato la empotró contra una pared y realmente se mordían con furia, y ella rodeó su cintura con sus piernas lo cogió por el pelo y él comenzó a besarla y todos miraban miraban miraban y era terriblemente hermoso, e impúdico, y violento y mezquino, y despreciable, ¡en medio del patio de la facultad!, y Valeria, que seguía tendida en el suelo sangrando, comenzó a gritar de rabia y dolor al verlo, pero el Chato no la oía porque estaba demasiado ocupado besando esos labios ensangrentados y gozándose con aquél culo y esa espalda, perfectos, como pocos, tan curvados, casi neumáticos, lindos lindos lindos.
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