jueves, 19 de junio de 2008

tótem

Hay algo mágico en las islas entre América y Europa. Islas verdes y doradas, frías, donde los hombres de hierro y sus caballos llegaron provenientes de las colosales masas de tierra, llegaron e impusieron su cultura y su legado. Hay algo mágico en estas islas que me llama. Veo un hombre de barba roja que me llama por las noches y me dice que cruce el mar, que nade los kilómetros de extensión de acero, que llegue a la costa y alivie mi dolor en casas suaves de reposo, que escriba por los días y las noches. Mis hijos deben nacer en estas tierras duras, donde el invierno es crudo y el sol es una gran bola de algodón. Gabriel, Iñaki y Victoria, correrán fuertes sobre los prados y se bañaran en lagos de glaciar, en geisers furiosos que acariciarán sus cabellos como harían los dedos de su madre. En Islandia seré el hijo de un dios muerto entre hombres que no tienen apellido. Toda mi vida he sabido que en mi alma hay un lobo y un león que se debaten por mi destino en los días y en las noches y nunca he estado seguro del todo a qué manada pertenezco. La sangre de un león y el espíritu del lobo solitario en el invierno, que muere lejos de la manada. Veo el sol brillando por la noche y siento el impulso de hacer mi cama pedazos y construir un barcoluengo. Siento el impulso de acariciar a una mujer, de hacerle el amor violentamente y de ser tierno y gentil y furioso y lunático. Escribo en un papel, eres un horrible ángel que menstrua oro y platino. Y te amo. Siento el impulso de matar a un hombre en la calle. Pienso en un hacha y en espadas y en el martillo que me aguarda en una roca. Con tu cola frenas las pulsaciones de mi lengua y solo entonces salgo de mi casa y me encuentro bajo la lluvia y camino largamente pensando en el viaje que tengo por delante y lo que dejaré atrás para afianzar la roca que hay en mí, ese animal de cuatro patas silencioso. Y cuando me subo al auto tengo una visión. Delante de mí se manifiestan todos los sueños de los hombres como un gran tractor sin conductor, un tractor inmenso de hierro rojo, pesado y que todo lo aplasta bajo sus llantas enormes y violentas y me veo solo ante él, rodeado por los edificios de la ciudad, los talleres y las casas y las postas médicas y las cabinas de teléfonos, todos son espectadores del encuentro. Y entonces espero ser capaz de realizar el milagro, el último gran acto de la fe que hace mucho tiempo perdí, y entonces, cuando está a punto de aplastarme levanto la mano del martillo, que es un hacha, y dando un rugido, la dejo caer con toda mi fuerza sobre el motor de hierro tan grueso de ese inmenso tractor rojo, y el hacha se hunde sobre el hierro macizo y entonces TODO se detiene. Y todos a mi alrededor empiezan a creer.

2 comentarios:

Naella dijo...

Me gustó mucho el texto es respetable...y una gran amenaza me gusta...

si tienes tiempo ojea mi blog porfavor www.naellaliteraria-l.blogspot.com

Lion Chinaski dijo...

Muchas gracias señorita spammer ^^
Le daré una mirada.